Por Arq. Grecia Elías & LDI. Irving Elías
Fundadores de GIMETRIC Arquitectos
Hay una pregunta que, como arquitectos, nos hacemos constantemente:
¿Qué es realmente la arquitectura?
¿Es diseñar una fachada espectacular?
¿Crear una casa que se vea increíble en Instagram?
¿Elegir los materiales más bonitos?
¿Hacer un render que provoque un “wow” inmediato?
Claro que todo eso puede formar parte de un buen proyecto.
Pero para nosotros, la arquitectura empieza mucho antes de decidir cómo se va a ver un espacio.
Empieza cuando pensamos en la persona que va a vivirlo.
En cómo se va a levantar de la cama por la mañana.
En cómo va a preparar el café.
En cómo va a recorrer su casa.
En dónde va a guardar sus cosas.
En cómo entra la luz.
En qué tan fácil es ventilar una habitación.
En dónde se sentará a trabajar.
En cómo se sentirá cuando llegue a casa después de un día complicado.
Y precisamente de esto nace nuestro nuevo video en YouTube.
Queríamos detenernos un momento y hablar de algo que, en medio de renders, tendencias, materiales y fotografías perfectas, a veces dejamos en segundo plano:
¿Para quién estamos diseñando?
Esta es una de las ideas que más nos interesa cuestionar.
Porque sí: una casa puede ser preciosa.
Puede tener una fachada impresionante, una cocina de revista, mármol espectacular, iluminación escénica y una decoración impecable.
Y aun así…
puede ser incómoda.
Puede tener una circulación deficiente.
Puede carecer de ventilación adecuada.
Puede recibir demasiado sol en determinados espacios y prácticamente nada en otros.
Puede tener muebles que no corresponden con las dimensiones de la habitación.
Puede tener puertas que interfieren entre sí.
Puede obligarte a caminar demasiado para hacer algo tan sencillo como guardar un plato.
Y puede tener una distribución que, después de unos meses de vivir ahí, empieces a preguntarte:
“¿Por qué diseñamos esto así?”
Y esto es algo que nosotros vemos con frecuencia cuando visitamos casas existentes o espacios que van a remodelarse.
Muchas veces el problema no está en que el espacio sea pequeño.
Está en cómo fue diseñado.
Antes de hablar de estilos, colores o materiales, existe algo mucho más básico:
nuestro cuerpo.
La arquitectura tiene que responder a las dimensiones, movimientos y capacidades de las personas que van a utilizarla.
Aquí entran conceptos como la antropometría y la ergonomía.
La antropometría estudia las dimensiones y proporciones del cuerpo humano.
La ergonomía, por su parte, busca que los espacios, objetos y sistemas se adapten de manera adecuada a las personas que los utilizan.
¿Y por qué esto importa tanto en arquitectura?
Porque una cocina no se diseña solamente pensando en dónde se ve bonita una isla.
Hay que preguntarnos:
¿A qué altura trabajamos?
¿Cuánto espacio necesitamos para abrir un cajón?
¿Cuánto debe medir una circulación?
¿Pueden pasar dos personas cómodamente?
¿Dónde colocamos los electrodomésticos?
¿A qué distancia está el refrigerador de la zona de preparación?
¿Puede una persona cocinar mientras otra utiliza la cocina?
Todo eso también es diseño.
Y muchas veces es el diseño que no se ve en una fotografía, pero que hace que una casa funcione extraordinariamente bien.
Algo tan cotidiano como caminar puede convertirse en un problema cuando no se proyecta correctamente.
Cuando diseñamos una vivienda, no pensamos únicamente en habitaciones aisladas.
Pensamos en recorridos.
¿Cómo llegas de la entrada a la sala?
¿Cómo pasas de la cocina al comedor?
¿Cómo llegas de las recámaras a los baños?
¿Dónde se cruzan las personas?
¿Existe suficiente espacio alrededor de una mesa?
¿Una puerta abierta bloquea una circulación?
¿El mobiliario invade el paso?
Una buena distribución permite que muchas de estas decisiones sucedan casi sin que las notemos.
Y eso es precisamente lo interesante.
Cuando la arquitectura funciona bien, muchas veces dejamos de pensar en ella.
Simplemente vivimos.
Otra de las grandes diferencias entre un espacio bonito y un espacio bien diseñado está en la iluminación.
Y no hablamos únicamente de colocar lámparas bonitas.
La luz natural puede modificar completamente nuestra percepción de un espacio.
La orientación, el tamaño y ubicación de las ventanas, las protecciones solares, las profundidades de los espacios y los materiales interiores influyen en cómo percibimos una habitación durante el día.
Después está la iluminación artificial.
Una vivienda no debería depender necesariamente de una sola fuente de luz general.
Podemos trabajar con diferentes capas:
luz general, luz de tarea, luz de acento y luz indirecta.
Esto permite adaptar el espacio a diferentes momentos.
Una cocina necesita una iluminación diferente a una recámara.
Un comedor puede necesitar una atmósfera distinta durante una cena que durante el desayuno.
Una sala puede funcionar con una iluminación general durante el día y transformarse completamente por la noche utilizando iluminación indirecta y puntos de acento.
La luz no solamente ilumina la arquitectura. También construye atmósferas.
Hay espacios que se diseñan pensando tanto en la imagen que cuestiones fundamentales como la ventilación terminan quedando relegadas.
Y aquí volvemos a lo esencial.
Una vivienda debe poder respirar.
La ventilación natural puede depender de la orientación, la ubicación de las ventanas, las diferencias de presión, la distribución interior y la posibilidad de generar ventilación cruzada, entre otros factores.
No siempre podemos resolver todo mediante ventilación natural —cada proyecto tiene condiciones climáticas, urbanas y constructivas diferentes—, pero sí debemos preguntarnos desde el principio:
¿Cómo se va a renovar el aire de este espacio?
No debería ser una decisión de último momento.
Hay algo que muchas veces no aparece en un render:
cómo se siente estar dentro del espacio.
Una casa puede tener enormes ventanales y ser espectacular visualmente.
Pero si desde la calle todos pueden ver directamente la recámara, quizá esa decisión no sea tan buena.
La arquitectura también debe construir límites.
Entre lo público y lo privado.
Entre el exterior y el interior.
Entre las áreas sociales y las íntimas.
Y esos límites no siempre tienen que ser muros.
Pueden construirse mediante orientación, vegetación, cambios de nivel, celosías, filtros, patios, vestíbulos, materiales, iluminación y composición.
La privacidad también se diseña.
Aquí llegamos a un tema que nos interesa muchísimo.
Vivimos en una época en la que la arquitectura se consume principalmente a través de imágenes.
Un render espectacular puede volverse viral.
Una fachada puede acumular miles de likes.
Un material puede convertirse en tendencia.
Y eso no tiene nada de malo.
A nosotros también nos encanta la arquitectura visualmente atractiva.
El problema aparece cuando la imagen se convierte en el objetivo y no en una consecuencia de un buen diseño.
Porque una casa no se habita como se fotografía.
Una fotografía captura un instante.
La arquitectura acompaña miles de momentos cotidianos.
La pregunta entonces cambia.
Ya no es solamente:
“¿Cómo se verá?”
Sino:
“¿Cómo se vivirá?”
Y para nosotros, esa diferencia lo cambia todo.
Y ojo: no estamos diciendo que la estética no importe.
Sí importa. Muchísimo.
Nosotros somos arquitectos y diseñadores. Nos apasionan los materiales, las proporciones, la composición, la iluminación, las texturas y los detalles.
Pero creemos que la belleza tiene que estar respaldada por algo más.
Criterio.
Un proyecto debe ser capaz de resolver las necesidades de quienes lo habitan y, al mismo tiempo, construir una experiencia estética.
La función y la belleza no deberían competir.
Deberían trabajar juntas.
Nosotros empezaríamos por preguntas mucho más sencillas de lo que parece:
¿Quién va a vivir aquí?
¿Cómo vive?
¿Qué necesita?
¿Qué hábitos tiene?
¿Qué le gusta?
¿Qué le molesta?
¿Cómo se mueve?
¿Qué espacios utiliza más?
¿Recibe visitas?
¿Trabaja desde casa?
¿Tiene hijos?
¿Tiene mascotas?
¿Qué necesita hoy?
¿Y qué podría necesitar dentro de cinco, diez o veinte años?
A partir de ahí empieza realmente el proyecto.
Porque un plano no debería ser solamente una distribución de muros.
Debería ser una respuesta a una forma de vida.
Precisamente por todo esto decidimos hacer nuestro nuevo video.
Porque queremos comenzar una conversación mucho más profunda sobre la arquitectura.
Una conversación que no se quede únicamente en:
“¿Qué estilo está de moda?”
o
“¿Qué color se lleva este año?”
Queremos hablar también del cuerpo, de la percepción, de la mente, de la ergonomía, de la antropometría, de la luz, de la ventilación, de la circulación, de la privacidad, del confort y de la manera en la que nuestros espacios pueden influir en nuestra vida cotidiana.
Y este video es apenas el comienzo.
En él hablamos precisamente de esta pregunta que dio origen a toda esta reflexión:
¿Qué es realmente la arquitectura?
Y también cuestionamos algo que vemos cada vez con mayor frecuencia:
¿Estamos diseñando para las personas o para las fotografías?
Después de años de diseñar, visitar obras, equivocarnos, aprender, escuchar clientes y ver cómo las personas realmente utilizan los espacios que proyectamos, hay algo que cada vez tenemos más claro:
La arquitectura no termina cuando entregamos las llaves.
Ahí empieza la parte más importante.
Cuando una familia cocina por primera vez en su nueva casa.
Cuando alguien encuentra por fin un rincón donde puede trabajar cómodamente.
Cuando la luz entra por una ventana a determinada hora.
Cuando una circulación funciona tan naturalmente que nadie tiene que pensar en ella.
Cuando una persona llega a casa y simplemente se siente bien.
Ahí entendemos que el proyecto funcionó.
Y quizá esa sea nuestra definición más sencilla de arquitectura:
Diseñar espacios para que la vida funcione mejor dentro de ellos.
Porque para nosotros, diseñar no es simplemente hacer una casa bonita.
Es diseñar el mejor espacio que hayas tenido.
Arquitectura con criterio.
Arq. Grecia Elías & LDI. Irving Elías
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