Hay algo que hacemos todos los días y que probablemente nunca pensamos demasiado:
nuestro cerebro está cambiando.
Cada vez que aprendemos algo nuevo, recorremos un lugar diferente, adquirimos una habilidad, interactuamos con otras personas o vivimos una experiencia, nuestro sistema nervioso responde y se adapta.
A esta capacidad del cerebro para modificarse a partir de la experiencia se le conoce como neuroplasticidad.
Y como arquitectos, esto nos lleva a una pregunta fascinante:
Si nuestro cerebro cambia con nuestras experiencias, ¿qué papel puede tener la arquitectura en ellas?
Pasamos gran parte de nuestra vida dentro de espacios diseñados por alguien.
Nuestra casa.
Nuestra oficina.
La escuela.
Los hospitales.
Los restaurantes.
Las calles.
Las ciudades.
Entonces, la arquitectura no solamente determina dónde estamos.
También determina, en cierta medida, qué experiencias son posibles dentro de ese lugar.
Y de eso queremos hablar en esta bitácora.
Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro adulto era mucho más estático de lo que hoy sabemos que es.
Actualmente entendemos que el sistema nervioso tiene capacidad de adaptación y reorganización a lo largo de la vida.
La neuroplasticidad describe precisamente esa capacidad de modificar conexiones y funcionamiento como respuesta a experiencias como el aprendizaje, la actividad física y diferentes estímulos del entorno.
Esto no significa que nuestro cerebro cambie de manera ilimitada ni que cualquier experiencia produzca automáticamente un beneficio.
Significa algo mucho más interesante:
nuestro cerebro no está separado de lo que vivimos.
Aprende de ello.
Y el espacio forma parte de lo que vivimos.
Uno de los conceptos que resulta especialmente interesante para la arquitectura es el de enriquecimiento ambiental (environmental enrichment).
En investigación experimental, especialmente en modelos animales, se han estudiado ambientes con mayor variedad espacial, oportunidades de movimiento, interacción social y estímulos.
Estos entornos se han relacionado con cambios en procesos de plasticidad cerebral, aprendizaje y memoria.
Una revisión sistemática publicada en 2024 analizó 32 estudios experimentales sobre complejidad espacial y enriquecimiento ambiental y exploró qué implicaciones podrían tener estos hallazgos para los entornos construidos.
Pero aquí existe una distinción importante:
lo que se observa en modelos animales no puede trasladarse automáticamente a las personas.
La investigación sobre cómo la complejidad arquitectónica afecta directamente a la plasticidad cerebral humana todavía necesita más evidencia.
Y precisamente por eso nos parece tan interesante.
Porque en lugar de buscar respuestas simplistas, podemos empezar a hacernos mejores preguntas:
¿Qué experiencias permite un espacio?
Imaginemos dos viviendas.
Una tiene muy poca luz natural, pocos espacios de transición, prácticamente no existe relación con el exterior y todos los recorridos son exactamente iguales.
La otra permite recibir luz natural durante diferentes momentos del día, tiene vistas hacia el exterior, vegetación, diferentes escalas espaciales, lugares para convivir y también espacios para retirarse.
No podemos afirmar que la segunda vivienda “genere neuroplasticidad”.
Sería una conclusión demasiado simplista.
Pero sí podemos decir que proporciona una experiencia espacial diferente.
Y eso es precisamente lo que nos interesa como arquitectos.
Porque quizá la pregunta no debería ser:
“¿Qué forma debe tener una casa?”
Sino:
“¿Qué tipo de experiencia queremos que produzca?”
Nuestro entorno no tiene por qué ser complicado para ser interesante.
Pero sí puede ofrecer variedad.
Cambios de escala.
Diferentes recorridos.
Perspectivas.
Espacios abiertos y contenidos.
Transiciones.
Patios.
Terrazas.
Escaleras.
Vistas.
Materiales.
Texturas.
La arquitectura puede crear una secuencia.
Un espacio puede llevarnos a otro.
Una vista puede aparecer al final de un recorrido.
Un cambio de altura puede modificar nuestra percepción.
Una pequeña transición puede separar dos ambientes sin necesidad de levantar un muro.
La experiencia espacial también se diseña.
Y esto es algo que buscamos incorporar en nuestros proyectos: no diseñar solamente habitaciones aisladas, sino pensar en cómo una persona experimentará el conjunto.
Nuestro cuerpo también forma parte de nuestra relación con el espacio.
Caminar.
Girar.
Subir.
Bajar.
Orientarnos.
Explorar.
Encontrar un lugar.
Recordar un recorrido.
Por eso, cuando diseñamos, no pensamos únicamente dónde colocar un mueble.
Pensamos:
¿Cómo se va a mover una persona aquí?
¿El recorrido es natural?
¿Hay suficiente espacio?
¿Existe una conexión lógica entre las áreas?
¿El cuerpo puede desplazarse cómodamente?
¿La distribución facilita las actividades cotidianas?
Aquí entran conceptos fundamentales de la arquitectura como la ergonomía y la antropometría.
Porque antes de diseñar para una fotografía, tenemos que diseñar para un cuerpo humano.
Otro elemento que merece especial atención es nuestra relación con la naturaleza.
Luz natural.
Vegetación.
Vistas hacia árboles.
Patios.
Jardines.
Agua.
Ventilación.
Materiales naturales.
Cambios de luz a lo largo del día.
Existe una amplia investigación sobre la relación entre exposición a la naturaleza y diferentes aspectos de la salud y el bienestar. Revisiones de la literatura han encontrado asociaciones con variables como estrés, función cognitiva y bienestar, aunque la calidad y el tipo de evidencia varían según el resultado estudiado.
Esto nos recuerda algo importante:
la naturaleza no debería entenderse solamente como decoración.
Cuando un proyecto permite una relación significativa entre interior y exterior, estamos diseñando una experiencia.
Una ventana hacia un jardín puede convertirse en una pausa visual.
Un patio puede introducir luz y ventilación.
Una terraza puede ampliar la percepción de un espacio.
Una vista hacia árboles puede cambiar completamente la experiencia de una habitación.
La naturaleza puede formar parte de la arquitectura desde el principio.
La luz es otro de los elementos fundamentales.
Nuestro organismo utiliza la información luminosa del ambiente para regular procesos relacionados con el ritmo circadiano.
Por eso, diseñar iluminación no consiste solamente en decidir dónde colocar lámparas.
También debemos preguntarnos:
¿Qué luz recibe este espacio durante el día?
¿De dónde viene?
¿En qué momento?
¿Es suficiente?
¿Genera deslumbramiento?
¿Puede controlarse?
¿Existe una relación adecuada entre iluminación natural y artificial?
La arquitectura y la biología se encuentran precisamente en estos detalles.
Una ventana no es únicamente un elemento de fachada.
También puede ser una conexión con el exterior, una fuente de luz, una oportunidad de ventilación y una referencia temporal para quien habita el espacio.
Hay otro aspecto que a veces olvidamos cuando hablamos de arquitectura:
las personas.
Una vivienda también es un espacio social.
Necesitamos convivir.
Comer juntos.
Conversar.
Recibir amigos.
Compartir.
Pero también necesitamos privacidad.
Silencio.
Distancia.
Un lugar donde trabajar.
Un lugar donde descansar.
Un rincón donde simplemente podamos estar solos.
Por eso una buena vivienda debería permitir cierto grado de elección.
Conexión cuando queremos conexión.
Privacidad cuando necesitamos privacidad.
La arquitectura puede facilitar ambas experiencias mediante distribución, recorridos, transiciones y jerarquías espaciales.
Aquí queremos hacer una distinción muy importante.
No creemos que exista una fórmula arquitectónica del tipo:
“coloca una pared curva y generarás neuroplasticidad.”
La arquitectura no controla nuestro cerebro de esa manera.
Tampoco podemos garantizar que una determinada casa hará que una persona sea más inteligente, más feliz o más saludable.
Lo que sí podemos hacer es diseñar entornos que favorezcan experiencias humanas ricas, variadas, confortables y significativas.
Y ahí aparecen decisiones concretas:
Porque una buena arquitectura no solamente debería decidir cómo vamos a vivir.
También debería darnos opciones para vivir de diferentes maneras.
Y aquí regresamos a una idea que para nosotros es fundamental.
La arquitectura no debería ser solamente un objeto que observamos.
Es un espacio que experimentamos.
Una casa no es únicamente una fachada.
Es el lugar donde despertamos.
Donde descansamos.
Donde cocinamos.
Donde trabajamos.
Donde convivimos.
Donde tenemos momentos de silencio.
Donde recibimos a nuestros amigos.
Donde crecen nuestros hijos.
Donde envejecemos.
Por eso creemos que diseñar arquitectura implica mucho más que decidir cómo se verá un espacio.
Implica entender cómo se va a vivir.
Cuando diseñamos un proyecto, no queremos comenzar únicamente con una imagen de referencia.
Queremos comenzar con la persona.
Con sus hábitos.
Sus necesidades.
Su cuerpo.
Sus recorridos.
Su manera de descansar.
Su forma de convivir.
Su presupuesto.
Su contexto.
Y, por supuesto, con las características específicas del lugar.
Porque una buena arquitectura no debería obligar a la persona a adaptarse al espacio.
El espacio debería adaptarse a la persona.
La estética importa.
Por supuesto.
Nos encanta la arquitectura bella, los materiales bien elegidos, las proporciones, la iluminación y los interiores que provocan una emoción.
Pero creemos que la belleza y la funcionalidad no deberían competir.
Deberían trabajar juntas.
La próxima vez que entres a una casa, un hotel, un restaurante o incluso una estación de tren, intenta hacerte algunas preguntas:
¿De dónde viene la luz?
¿Cómo me hace sentir este espacio?
¿Por qué quiero quedarme aquí?
¿Por qué quiero salir?
¿Dónde puedo estar solo?
¿Dónde puedo convivir?
¿Cómo me estoy moviendo?
¿Qué puedo ver desde aquí?
¿Existe una relación con la naturaleza?
¿El espacio facilita o dificulta lo que necesito hacer?
Quizá después de empezar a hacerte estas preguntas, descubras algo:
la arquitectura está mucho más presente en nuestra vida de lo que creemos.
Y precisamente eso es lo que queremos explorar en GIMETRIC.
Arquitectura desde el cuerpo.
Desde la mente.
Desde la ciencia.
Desde la naturaleza.
Desde la historia.
Y, sobre todo, desde las personas.
En nuestro nuevo video profundizamos mucho más en la relación entre arquitectura y neuroplasticidad, explorando qué sabemos realmente, qué todavía estamos investigando y cómo podemos traducir estos conocimientos en decisiones de diseño.
▶️ VER EL VIDEO COMPLETO EN YOUTUBE
Porque la arquitectura no solamente construye espacios.
Construye experiencias.
Y nosotros queremos diseñar el mejor espacio que hayas tenido.
Arquitectura con criterio.
Arq. Grecia Elías & LDI. Irving Elías
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